Ibas caminando sin saber a donde ir, no recuerdas porque saliste de tu casa, menos si es que venias de tu casa, es como si despertaras derepente de un sueño oscuro y no te importara el pasado.
Sigues caminando, ves un árbol que tapa el sol mientras se está escondiendo en el horizonte, comienzas a recordar aquellos momentos junto ella, aquellas miradas que decían todo a la distancia, aquellos abrazos en los cuales por un segundo todo el mundo se callaba, miras al pasado con nostalgia, y te preguntas en que momento cambio todo, si un día era inevitable pensar en ella, llamarla, sentir como su voz acaricia tu corazón en un momento eterno, derepente te ves ahí, sintiendo que con cada palabra la incomodas, que cada mirada entrega un compromiso, sabes que la situación es complicada y que ya no hay vuelta atrás.
Cuando levantas la mirada ya es de noche, ves el mismo árbol pero ahora parece caído, sin vida, te das cuenta que estas sentado sólo en una banca junto a un farol sin luz, no escuchas nada, sólo un silencio mortal que cae lentamente sobre tu espalda, un frío escalofriante te abraza con poco cuidado, pero esta sensación se te hace conocida, se ilumina en tu mente aquella imagen de ella caminando junto a él, en la cual tu eres un elemento más del paisaje para ellos dos, por una eternidad repites aquella imagen sobre tus ojos, respirando a través de la sombra de lo que fue tu relación, ahogándote en un vacío que llena tu silencio, y buscando aquel blanco en tus recuerdos para descansar.
Al abrir los ojos está ella junto a ti, no te preocupa el porque, solo la miras sin pronunciar palabra alguna, ves en sus ojos el brillo de aquello que se había perdido, eso que saliste a buscar sin orientación, lo que te hizo caer en recuerdos perdidos y una soledad tentadora para aquel frío que se quiere convertir en un mensajero.
Cuando despegas tus labios de los de ella, escuchas una palabra que no olvidaras nunca más...
- Despierta -
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